Relaciones liana: por qué saltamos de una pareja a otra

Las relaciones liana (saltar de un vínculo a otro) son una defensa contra el vacío y el duelo. Este artículo explica qué son, sus causas psicológicas más comunes (miedo a la soledad, apego ansioso) y las consecuencias de acumular duelos no resueltos. Descubre las señales de alerta de este patrón y las claves para parar el ciclo, integrar la soltería y construir relaciones basadas en la elección, no en la urgencia.

Las relaciones liana describen una dinámica afectiva más común de lo que parece: pasar de una relación a otra sin permitirnos un tiempo real de integración, duelo o revisión interna. Encadenar relaciones puede parecer una forma de avanzar, pero suele esconder vacíos que no se quieren mirar. Entender qué hay detrás de esta pauta es clave para romper el ciclo y construir vínculos más sanos y estables en el futuro.

¿Qué son las relaciones liana?

Las relaciones liana son aquellas en las que una persona termina un vínculo y, de forma inmediata, o incluso antes de cerrar el anterior, se engancha a otro. El nombre viene de la imagen de ir de liana en liana en la selva: no soltar una hasta tener bien agarrada la siguiente.

No se trata únicamente de rapidez, sino del propósito emocional: evitar el vacío, la soledad, el dolor del duelo o el enfrentamiento con uno mismo.

Esta dinámica puede presentarse como:

  • Empezar una relación justo después de una ruptura.
  • Mantener “personas puente” mientras aún no se ha cerrado un vínculo.
  • Saltar de una relación intensa a otra sin reflexión ni pausa.

¿Por qué caemos en este tipo de relaciones?

Las razones suelen ser profundas y están vinculadas a heridas afectivas no resueltas. Algunas de las más frecuentes son:

1. Miedo al vacío y a la soledad

Para muchas personas, estar sin pareja activa una sensación de desamparo casi física. La ansiedad que produce la separación emocional impulsa a buscar un nuevo sostén rápidamente.

2. Heridas de apego

Quien ha crecido con vínculos inestables o poco disponibles suele desarrollar miedo al abandono. Las relaciones liana funcionan como un intento de evitar ese miedo: si siempre “hay alguien”, no hay abandono.

3. Identidad basada en el vínculo

Hay personas que sienten que solo “son alguien” dentro de una relación. Sin pareja, aparece una crisis interna: ¿quién soy yo sin un otro que me elija?

4. Evitar el duelo y el conflicto interno

Los bajones tras una ruptura pueden activar recuerdos, vacíos o traumas previos. Saltar a otra relación funciona como anestesia.

5. Idealización permanente

Cuando idealizar es más fácil que sostener la realidad, cambiar de pareja parece la solución. Ante la frustración, el deseo se desplaza rápidamente a una nueva figura.

Consecuencias de las relaciones liana

Al principio, estas dinámicas parecen útiles. Pero a medio y largo plazo generan efectos que perpetúan el malestar:

Duelos acumulados sin resolver.

Nada se procesa, todo se tapa.

Patrones repetitivos de conflicto.

Si no se revisan, los mismos problemas reaparecen relación tras relación.

Elecciones precipitadas.

Se elige desde la necesidad, no desde el deseo consciente.

Dependencia emocional.

La pareja se convierte en un regulador afectivo constante.

Pérdida de identidad.

La vida se organiza en función del otro, no de uno mismo.

¿Cómo saber si estoy en una relación liana? Señales de alerta

Podrías estar en una relación liana si te identificas con algunos de estos signos:

Estar en pareja se siente como una necesidad, nunca como una elección.

No has tenido solterías significativas desde hace años.

Sientes ansiedad intensa ante la idea de estar solo.

Empezaste la nueva relación sin haber cerrado emocionalmente la anterior.

Tu nuevo vínculo cumple la función de calma, refugio o anestesia.

Cambias de pareja cuando aparece conflicto o frustración en la anterior.

Idealizas muy rápido a la nueva persona.

¿Cuánto duran las relaciones liana?

Por lo general, estas relaciones tienen una duración limitada. Su base emocional es la urgencia, no la conexión real. Suelen sostenerse mientras:

  • el nuevo vínculo calma la ansiedad,
  • se mantiene la idealización,
  • y no aparecen retos emocionales significativos.

Cuando surge el primer conflicto profundo, la relación tiende a fracturarse o a reproducir los mismos patrones disfuncionales que la anterior.

Cómo evitar estas situaciones

Salir del ciclo de las relaciones liana implica trabajo interno y tiempo real para integrar experiencias. Algunas claves:

1. Permitirte estar solo

La soltería no es un vacío: es un espacio de reconstrucción. Dejar un hueco no implica caer; implica poder ver lo que hay dentro.

2. Elaborar el duelo de verdad

Un duelo bien procesado reduce la probabilidad de repetir patrones. Implica llorar, pensar, sentir, cuestionar y recolocar.

3. Trabajar el apego

Comprender tu estilo de apego (ansioso, evitativo, etc.) te permite identificar qué te empuja a engancharte rápido.

4. Reforzar tu identidad individual

Preguntarte: ¿quién soy sin pareja? ¿Qué deseo yo? ¿Qué necesito realmente?

5. Revisar tus creencias limitantes sobre el amor

Si crees que “sin pareja no soy nada” o que “hay que encontrar a alguien rápido”, estás alimentando el patrón.

6. Espaciar, observar, respirar

Antes de lanzarte a una relación nueva, date tiempo para observar tus motivaciones. ¿Deseo o necesidad? ¿Elección o urgencia?

¿Cuándo estoy listo para la siguiente relación?

No existe un calendario universal, pero sí señales internas que indican que puedes entrar en un vínculo desde la libertad y no desde la carencia:

  • Puedes estar solo sin sentir ansiedad.
  • Hablas del pasado sin dolor punzante ni idealización excesiva.
  • No buscas sustitutos ni rescates emocionales.
  • Puedes ver tus errores sin culpa ni autoataque.
  • Deseas compartir, no agarrarte.

Estar listo para una nueva relación significa que ya no la necesitas para tapar algo, sino que la eliges para sumar.

Las relaciones liana no son un fallo, sino un mecanismo de supervivencia emocional. Comprender qué te lleva a saltar de una relación a otra abre la puerta a un tipo de amor distinto: un amor que no nace de la urgencia, sino de la madurez y de la responsabilidad afectiva contigo mismo.

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