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Herida de rechazo: qué es y cómo sanarla en tus relaciones

Nuestra forma de relacionarnos de adultas está enormemente influida por cómo nos hemos vinculado desde pequeñas, y por cómo nuestros cuidadores principales han cuidado -o no- ese vínculo con nosotras. Si esa dinámica se ha creado desde el desprecio o haciéndonos sentir descuidadas, desprotegidas o incluso, rechazadas (aunque sea de forma “sutil”), es probable que experimentemos la herida de rechazo.

Hablamos de una herida psicológica que suscita en nosotras un miedo intenso a volver a revivir ese rechazo a través de los vínculos ya de adultas, con los amigos, la familia y también con las parejas. Si todo esto que te cuento te resuena, te animo a seguir leyendo y a descubrir cómo empezar a sanar esa herida de rechazo en tus relaciones.

Sentirse rechazada: esa mochila emocional que llevamos a cuestas

Sentirnos rechazadas es una experiencia dolorosa, que muchas veces sentimos como si lleváramos “a cuestas”, en nuestra mochila emocional, y que nos genera sentimientos de soledad profunda. Que puede generarnos una sensación muy desagradable, y que conlleva emociones que no se sienten muy bien.

Si no sabemos gestionarlas, nos pueden llevar a tomar decisiones no muy acertadas basadas en el miedo a quedarnos solas. Pero no te sientas mal si estás viviendo esto, déjame contarte que no te sucede solo a ti, muchos adultos llegamos a experimentarlo en algún punto de nuestras vidas.

Lo importante es el poder hacernos conscientes de lo que nos sucede, permitirnos sentir y dejar ir sin engancharnos a algo que nos hace daño. Vamos a poner un poco de luz a esta herida de rechazo.

La herida de rechazo puede ser vivida como una mochila emocional que pesa y que condiciona nuestros vínculos, que nos lleva a situarnos en la sombra por miedo a volver a (re)vivir ese rechazo.

¿Qué es la herida de rechazo?

No podemos seguir hablando de la herida de rechazo sin que tengamos claro de qué se trata. Así, vamos a conceptualizar un poco esta temática. La herida de rechazo es ese daño a nivel emocional que se nos presenta y que experimentamos después de haber sido rechazadas por alguna persona que representa para nosotras algo muy importante a nivel emocional.

En la infancia, suelen ser los padres (o uno de ellos). También pueden ser personas “poco significativas” pero que aparecen en momentos vitales y contextos importantes (pensemos en situaciones de bullying). Esto nos genera un intenso dolor emocional y puede llegar a afectarnos en todos los aspectos de nuestra vida, no solo a nivel emocional, que es donde obviamente hay un impacto muy fuerte.

Así, en realidad, esas emociones que produce pueden llegar a afectar la manera en la que nos desenvolvemos en nuestras otras relaciones, en nuestra capacidad para poder seguir trabajando, en el apetito, en el sueño… es decir, en muchos más ámbitos y esferas de nuestra vida.

A veces nos dicen que “no” a una tontería y nos sentimos tremendamente mal; qué ocurre, que puede que esa “tontería” haya activado la herida de rechazo, y que nos conecte a una situación donde nos dijeron un “no” mucho más grande y doloroso de niñas.

Puedes profundizar en esta temática sobre la herida del rechazo a través de nuestro vídeo “Cómo gestionar el rechazo con éxito” con Ángeles, participante en nuestra terapia.

El papel de la infancia en la herida de rechazo y cómo ésta nos condiciona

Y puede ocurrir que, en un principio, si pensamos en la herida de rechazo, la asociemos a experiencias de nuestra adultez, principalmente aquellas relacionadas en el plano amoroso donde es posible que en algún momento seamos rechazadas por alguien en quien tengamos un interés romántico. Pero la verdad es que esta herida va mucho más allá (o mejor dicho, “más atrás”).

Como ya anticipábamos, normalmente las heridas de rechazo se experimentan en la infancia, y en la mayoría de los casos se presentan en las relaciones con nuestros padres. Y si estas experiencias no las tratamos en terapia o las resignificamos, es decir, las integramos y sanamos, nos pueden llegar a afectar mucho en nuestra adultez, condicionando la manera en la que nos involucramos sentimentalmente con parejas, amigos y hasta en el ámbito laboral.

Es decir, afectando a nuestros vínculos. En el terreno del día a día, y para entenderlo mejor, sería algo así como; si yo siento esa herida, puedo conocer a alguien especial, estar a gusto, empezar a conectar, pero en el momento de intimar o de ir vislumbrando que las cosas “avanzan”, echarme para atrás, con el objetivo inconsciente de evitar el rechazo (y evitar así volver a revivir esa angustiosa sensación de “no ser escogida”).

En ese momento “nos protegemos”, creamos una coraza, pero eso también nos limita y nos niega la oportunidad de ser escogidas, de no ser rechazadas y sentirnos aceptadas y valoradas (creando así un círculo vicioso).

Puedo conocer a alguien que me encanta, que la cosa avance y de repente, cuando fluye la conexión, que aparezca este miedo que nos hace echarnos para atrás y volver a ponernos la coraza.

Descubre cómo poder ser una misma en las relaciones a través de nuestro vídeo “Claves para fluir siendo tú misma”.

Cómo sanar la herida de rechazo

Para que podamos sanar la herida de rechazo lo primero que debemos hacer es ser conscientes de que la tenemos, y para esto necesitamos abrir nuestra alma y nuestro corazón y ser lo más honestas posible con nosotras mismas para permitirnos sanar.

Para esto debemos hacer una evaluación de cómo han sido nuestras relaciones desde la infancia y de si alguna vez llegamos a sentir rechazo de alguien significativo para nosotras. Normalmente esto sucede con los padres, pero ten en cuenta que no se limita solo a ello; puede haberse dado por parte de cualquier persona que haya sido significativa para ti, alguien que te importaba realmente.

Sin embargo, a pesar de tener en cuenta esto, hay ocasiones en las que se nos dificulta poder verlo. Entonces es allí cuando debemos prestar atención a algunos indicadores que nos pueden dar indicios de que tenemos heridas de rechazo sin resolver, como lo es el caso de ser muy aprehensivas y tener desconfianza en las personas, principalmente cuando se trata de iniciar una nueva relación (de cualquier tipo).

Profundiza en esta temática sobre el miedo al rechazo a través de nuestro vídeo “Tengo MIEDO a que NO ME QUIERAN”.

Esto hace que nos volvamos personas muy desconfiadas con todos y que nos dé miedo entablar nuevos vínculos, lo que puede dificultar la creación de lazos emocionales con otros. A raíz de ello, y como mostrábamos en el ejemplo anterior, manifestamos tendencia a huir o a evitar este tipo de interacciones.

Por otro lado, en algunos casos tener una herida de rechazo puede llevarnos a tener conductas de dependencia en las relaciones que creamos, incluso cuando no son sanas (y precisamente, haciéndolas menos sanas). Todo esto tiene que ver en gran parte con el estilo de apego que acabamos construyendo desde niñas (si es evitativo, ansioso, etc.).

Pasos para empezar a sanar la herida de rechazo

Pero, entonces ¿qué podemos hacer para sanar? Como ya te conté, lo primero es tomar consciencia de la existencia de esa herida. Permítete contactar con las emociones que se encuentran ligadas a ella, permítete recordar y revivir si es necesario eso que te llevó a sentirte rechazada; no para torturarte, sino para reconciliarte con esa etapa de tu vida. Ese es el primer paso para iniciar el camino de la sanación.

Agradece lo que has vivido, recuerda que incluso las cosas negativas que experimentamos nos dejan enseñanzas que nos hacen ser quienes somos hoy en día. Con ese agradecimiento de lo que has vivido, suelta y deja ir esos recuerdos que generan dolor. Y ojo aquí, porque ser agradecida no significa no querer cambiar ciertas cosas, o no poder estar enfadadas o disconformes con ciertos aspectos de nuestra vida, sino darnos cuenta de las que sí nos han ayudado.

Y para acabar, te recomiendo sobre todo trabajar en tu propio autoconocimiento y autoestima; evalúa quién eres, acepta tus debilidades y reconoce tus fortalezas, trabájalas y poténcialas para ser cada día una mejor versión de ti misma.

La terapia como una oportunidad para trabajar de forma profunda en esta herida

Eso sí, recuerda que aunque estas acciones te puedan ayudar a iniciar el camino para sanar esa herida de rechazo, muchas veces será necesario iniciar un proceso psicoterapéutico para trabajar todo esto de forma mucho más profunda. En programa Mia podemos darte la mano y empezar a caminar juntas a través de nuestra terapia: terapia individual o terapia grupal.

¿Esto te resuena? Hablamos sobre disponibilidad en las relaciones en nuestro vídeo “6 Señales de que NO está Disponible Emocionalmente”.

Sigue descubriendo más sobre este tema y de forma dinámica a través de nuestra CLASE ONLINE “Cómo superar el rechazo, creerte lo que vales y avanzar“.